La artritis reumatoidea es una patología inflamatoria que puede conducir a destrucción progresiva de articulaciones, deformidades e incapacidad. La artrosis es una patología degenerativa que conduce a deterioro de los cartílagos articulares de las articulaciones que soportan el peso del cuerpo, esclerosis (endurecimiento) del hueso subcondral y proliferación de hueso nuevo en los márgenes de la articulación. Además, un problema secundario al que pueden dar lugar ambas patologías son las contracturas musculares.
El primer paso para la rehabilitación es determinar qué articulaciones están afectadas y en qué fase inflamatoria se encuentran: aguda, subaguda o crónica. La fase aguda se caracteriza por la evidencia de los signos inflamatorios clásicos de rubor, tumor y calor, acompañados de dolor e impotencia funcional. La fase subaguda consiste en un período en el que, aunque la condición articular parezca haberse asentado, el exceso de distensión o movimiento articular se sigue de un rebrote de síntomas artríticos. En la fase crónica, la inflamación articular se hace inactiva y las medidas activas de la rehabilitación no producen recidivas.
Para la exposición del tratamiento rehabilitador de la artritis reumatoidea y la artrosis, es más fácil considerarlas en esas tres fases: aguda, subaguda y crónica. La artritis reumatoidea puede presentarse en cualquiera de estas tres fases, dependiendo de si hay una exacerbación en marcha o no. La artrosis, por otro lado, se suele ver en una forma estática y su tratamiento rehabilitador se corresponde con el de la fase crónica de la artritis reumatoidea; solamente cuando la articulación sufre un traumatismo, la artrosis se parece a la fase aguda de la artritis reumatoidea y se debería tratar como tal.



