
Aquellos niños que crecen sin que sus padres les impongan límites y sin una rutina diaria, tienden a probar constantemente hasta dónde pueden llegar, cuántas veces pueden desobedecer sin que ello conlleve un regaño. Hacer que este tipo de niños obedezcan después de los cuatro años requiere de muchísima energía, que generalmente deriva en agotamiento de los padres (por intentar que sus hijos obedezcan) y de los niños (por retar continuamente a sus padres).
Muchas madres no se dan cuenta que al establecer una rutina diaria y poner ciertos límites cuando sus niños son pequeñitos, facilitará la vida de toda la familia en el futuro. Dichos límites sirven para que el niño comprenda que las actividades tienen una duración determinada que deben respetar.
Ejemplos de límites:
- Puedes jugar afuera hasta la cena
- Puedes ver televisión de las 3 a las 5 de la tarde
- A las 8:30 de la noche tienes que acostarte
Tanto los límites como las rutinas deben comenzar a establecerse cuando el niño es pequeñito. La rutina diaria puede comenzarse a los pocos días de nacido el bebé, esto le dará cierto orden, al que luego se irán introduciendo algunos límites paulatinamente. En un principio la rutina será muy sencilla: alimentarse seis o siete veces por día, tomar un baño cada determinado tiempo a la misma hora, etc.
Una de las cosas más importantes que debe hacer una madre, es establecer una hora para dormir a partir de los siete u ocho meses. De esta forma se asegurará de que el niño duerma las horas necesarias para tener un buen descanso.
A medida que el niño crezca se incluirán otros elementos en la rutina, con lo que esta se volverá cada vez más compleja: horas de siesta, de televisión, de juegos, normas de conducta y de higiene y límites.



