
En las pacientes con buen control metabólico y sin evidencias de compromiso fetal y/o materno, el embarazo debe interrumpirse al término, sin sobrepasar las 40 semanas.
Con mal control metabólico (diabetes pregestacional), evidencia de macrosomía, retardo del crecimiento fetal y asociación a síndrome hipertensivo se interrumpen entre las 37-38 semanas.
Una interrupción anticipada es necesaria en presencia de patología materna grave (pre-eclampsia severa, falla renal o retinopatía que no responde a tratamiento) o de compromiso fetal.
En conocimiento del mayor riesgo de desarrollar síndrome de dificultad respiratoria, es perentorio frente a la necesidad de interrupción electiva del embarazo, establecer la madurez pulmonar del feto. La presencia de fosfatidilglicerol y un índice de lecitina/esfingomielina mayor a 3 en el líquido amniótico han sido recomendados como buenos indicadores de madurez pulmonar fetal.
La elección de la vía de parto dependerá de la evaluación obstétrica y del estado feto-materno.
De no existir contraindicación para el parto vaginal puede programarse una inducción ocitócica con estricta monitorización fetal. Independiente de la vía de resolución del parto, es indispensable la coordinación con el diabetólogo y la presencia del neonatólogo en la sala de parto.
La interrupción electiva sea por cesárea o por inducción ocitócica debe realizarse en las primeras horas de la mañana para permitir un control adecuado de la glicemia durante el parto.
La madre debe estar en ayunas y no se debe colocar la dosis de insulina matinal. Con fines de prevenir una hiperglicemia materna y disminuir el riego de hipoglicemia neonatal se mantiene una infusión continua con suero glucosado al 5%, 500 cc. más 5 unidades de insulina cristalina cada seis horas. Se debe realizar control de glicemia cada una hora con cintas reactivas, manteniendo niveles de glicemias idealmente inferiores a 90 mg/dl.


