Treponema pallidum atraviesa la barrera placentaria a partir de la semana 16 de la gestación y puede afectar el feto causándole una sífilis congénita. El grado de afectación fetal depende fundamentalmente del momento en que la madre haya contraído la enfermedad.
El riesgo de infección fetal en la sífilis materna precoz no tratada, es de un 85-90%. El 25% de estos fetos morirán intraútero, el 25% morirán en el posparto y de los recién nacidos vivos, el 40% presentarán sífilis, ya sea precoz o tardía.
El diagnóstico es siempre serológico al ser una enfermedad que puede estar en período latente y, por tanto, asintomática durante mucho tiempo. Puede ser precoz (menos de 2 años de evolución), o tardía (más de 2 años después del contagio). Ello justifica que deba practicarse a toda gestante una serología de lúes, con un test sensible no treponémico (VDRL o RPR) y un test específico treponémico.
En caso de que la serología indique necesidad de tratamiento, éste es el mismo en la mujer gestante que en el resto de enfermos de sífilis. La reacción de Herxheimer, si aparece tras la administración de penicilina, puede provocar aborto o parto prematuro y requiere ingreso hospitalario inmediato.
En caso de alergia a la penicilina, se dará eritromicina en forma de estearato o etilsuccinato a dosis de 500 mg/6h por vía oral durante 15 días (sífilis precoz) o 30 días (sífilis tardía) y teniendo presente que los macrólidos no atraviesan la barrera hematoencefálica ni la placentaria. No se administrarán tetraciclinas por su efecto perjudicial sobre el feto. Algunos autores recomiendan el ingreso hospitalario y la desensibilización para poder tratar con penicilina. También está en estudio la posibilidad de administrar ceftriaxona o azitromicina.
Los controles posteriores a seguir son como en el resto de los enfermos de sífilis.
