Cuando se acompaña de fiebre y adenopatías hay que pensar en una infección vírica, el estudio morfológico de los linfocitos, que están activados, permite diferenciarla de una neoplasia linfoide (leucemia aguda, linfoma, etc.). Es importante seguir un control del enfermo durante el primer mes, por la posible aparición de complicaciones.
El aspecto activado de los linfocitos puede persitir hasta 6 meses sin que ello signifique que la enfermedad no está autolimitada o curada. El hallazgo de una linfocitosis aislada con linfocitos de morfología normal, puede deberse a un hipertiroidismo o ser inespecífica.
El hallazgo en una analítica habitual de una linfocitosis absoluta (> 4 x 109/L), con o sin manifestaciones clínicas, obliga a un estudio morfológico e inmunofenotípico de la población linfocitaria para descartar un síndrome linfoproliferativo monoclonal como son las leucemias linfoides crónicas y los linfomas de bajo grado que en muchas ocasiones son silentes clínicamente.
Si bien la mayoría de cuadros víricos como la mononucleosis infecciosa (MNI) u otros son enfermedades infecciosas que se autolimitan, y no precisan tratamiento ni hospitalización, pueden aparecer complicaciones como hemos comentado en la MNI, como anemia o plaquetopenia inmune severa, o pancitopenia por afectación medular que obliguen a una hospitalización para control de la evolución y tratamiento de las complicaciones.








