En el lactante se evitará añadir al chupete sustancias como azúcar, miel, aromatizantes, saborizantes, etc.
En la etapa prescolar el hábito de consumir dulces se extiende e intensifica: se debe informar de sus peligros, y de la conveniencia de reducir al mínimo las tomas de dulces. Es la edad óptima para reforzar el hábito del cepillado dental después de las comidas. Tras una iniciación lúdica aprenderán la técnica del cepillado de las tres caras dentales, con un dentífrico fluorado después de cada comida. Se aprovecharán los sucesivos controles preventivos para reforzar el hábito de la fluoración y comprobar la técnica del cepillado, a menudo errónea.
En la edad escolar este hábito y la práctica de la fluoración deberán consolidarse entre la escuela, la familia y el pediatra. A esta edad, la autonomía del niño suele asociarse con frecuencia a una pérdida de los hábitos antes adquiridos. El niño aprenderá a cepillarse, además de las tres caras dentales, los espacios interdentales y gingivales. En caso de caries en las piezas deciduales convendrá un refuerzo oportunista de las prácticas de fluoración, cepillado dental y exclusión de dulces, aparte de la derivación correspondiente.
En la adolescencia los hábitos ya están consolidados, en positivo o en negativo, y la efectividad para cambiarlos será menor: se recordará el mecanismo de formación de caries, cuando se detecte déficit de higiene.









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