La monitorización del crecimiento (peso, talla y perímetro cefálico) y del desarrollo (psicomotor, lingüístico, afectivo, psicosocial y sexual) en el período de su máxima variación constituye una medida efectiva de prevención secundaria específica de problemas del área de la nutrición, crecimiento y maduración, y constituye además un indicador global, aunque inespecífico muy apreciable, de la salud orgánica del niño, así como de la idoneidad de su entorno, especialmente durante los primeros años de vida.
Son múltiples los factores que regulan el desarrollo y crecimiento del niño. Los factores genéticos, nutricionales, el estado de salud y los factores hormonales son los más importantes. Una desviación de la normalidad en el peso, la talla, el perímetro cefálico o el desarrollo puberal, indican una alteración en alguno de los factores del crecimiento y desarrollo.
Las desviaciones más frecuentes son: la obesidad en escolares, y la talla baja y trastornos de la pubertad en adolescentes.
La obesidad afecta, según distintos estudios, en un 5-25% de la población general y tiende a aumentar. La predicción de obesidad en la edad adulta se asocia principalmente a su presencia en la edad preadolescente más que durante la lactancia. La efectividad a largo plazo de los tratamientos de obesidad es baja, no superando un 15-20% a los 5 años del diagnóstico.
La medición del peso, longitud (en decúbito supino) y perímetro cefálico se realizará en todas las visitas de promoción de la salud hasta los 2 años de edad. En las posteriores se medirá sólo peso y talla (de pie). Las mediciones deberán obtenerse, obviamente, con el niño desnudo o semidesnudo.
